AMATITLÁN, VER. – Habitantes de este municipio han manifestado su preocupación y rechazo ante la intención de instalar un cajero automático en las instalaciones del Palacio Municipal, señalando que dicha obra afectaría la arquitectura original de un edificio que representa el esfuerzo colectivo de la comunidad.

Si bien la ciudadanía reconoce el beneficio y la necesidad de contar con servicios bancarios en la cabecera municipal, argumentan que la ubicación propuesta es inadecuada. La exigencia es clara: instalar el servicio en un sitio alterno que no vulnere el patrimonio histórico de los amatitlecos.

Un edificio construido por el pueblo
La relevancia del inmueble no es solo administrativa, sino histórica. El actual Palacio Municipal fue erigido durante el trienio 1979-1982, bajo la administración del entonces alcalde Manuel Ortiz Caldelas, y su edificación es recordada como una de las mayores muestras de unidad civil en la región.

De acuerdo con testimonios y registros de la época, la obra se consolidó gracias a un esquema de cooperación sin precedentes:

Los comisariados ejidales y productores aportaron un peso por cada tonelada de caña de azúcar.
La asociación local realizó donaciones de bloques de construcción.

Figuras como Juan Díaz Montalvo contribuyeron con viajes de arena y grava, mientras que ciudadanos como Julio Vilaboa, Pablo Vilaboa y Severo Andrade Corro, entre muchos otros, organizaron cooperaciones para cubrir la mano de obra.

El Gobierno del Estado complementó el esfuerzo con el suministro de cemento, varilla, cal y la carpintería para puertas y ventanas.

El argumento principal de los inconformes es que intervenir la fachada o la estructura original para empotrar un cajero automático ignora el valor sentimental y el sacrificio de quienes levantaron el edificio «piedra por piedra».
«No es justo que, por desconocimiento del origen del inmueble, se pretenda alterar una obra que es símbolo de la identidad de Amatitlán», señalan voces ciudadanas.

El llamado a las autoridades municipales y estatales es a valorar el caso con sensibilidad histórica, buscando alternativas que permitan modernizar los servicios de la comunidad sin sacrificar la herencia arquitectónica de un pueblo que construyó su propia sede de gobierno.

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